jueves, febrero 26, 2015


Y como loca ya empezaba a mover la trucha de un lado al otro, algo así como mascullando bronca. Es que ver la bombacha colgada de la canilla del baño la llevó a pensar que nunca hacía las cosas con tiempo. Esto de lavar los calzones al bañarse es de desequilibrada.

Te cuento, que todo lo que le digas lo va a pensar en poesía. La gente cuando habla canta, y cuando canta, impacta. Eso pensaba, y también en revolearle unas migas de pan para interrumpir esa tontera de no sentirse correspondidos, pero se le cayó. Menos mal.

También sintió alivio de que no fueran a bailar tango, es que es tan patadura que seguro le pisaba la punta de los zapatos con las chinelas. ¿Por qué usan zapatos tan largos cuando los pies no son así de largos? lo sabe porque es lo primero que se fijo ante su desnudez. Tampoco es tan grave. Todo es impredecible en ese mundo. Nunca bailaron, no se pisaron. Le robaron algunas horas a la noche hasta que la moza del lugar les llevó obligadamente la cuenta. 

Se quedó con un garabato en la mano y un poco de la vista del balcón. Igual, soñaba con bajar las escaleras rodando después de comer tanto mouse de chocolate.  Él le contó muy al pasar, que un observador le había remarcado que los galanes en acción se reconocían por el brillo de los ojos y el perfume.  Quedaron resabios de vino, aunque nunca dijeron cuál vino. También lamparones y un sueter con olor a cigarrillo.

Después de ver una foto suya en el libro lo miró de costado y sintió que podían encontrar un equilibrio exacto, algo así como para salir caminando por los cables de alta tensión y cruzar hasta la vinería que está en frente, justo en frente de las ventanas. Es que los ritmos del edificio la llamaban mientras sonaban los celulares. Desagotaron las cabezas, mutearon las orejas e hicieron de cuenta que no pasó nada. La mañana estaba intacta al otro lado de la vereda.

A la tarde le avisaron que alguien la estaba buscando, ella sentía esa sensación de tractor encendido en el centro del cuerpo.



lunes, febrero 23, 2015

Tengo pocos minutos de ocio durante el día que últimamente uso para hacerme percha contra el teclado.
Todos recursos cotidianos rotos.
Problemas con la puntuación.
Pocas ganas de dar y recibir muchas explicaciones pendientes.
Una tableta de pastillas anticonceptivas a medio tomar.
Los amigos que se me derrumban en la puerta de casa.
Una gran capacidad para repeler a los hombres que pretendo, sin pretender demasiado.
Una tendencia a la tristeza crónica.
Un trauma con la polenta.

Hace unos años mamá me dijo que como sea yo siempre iba a salir adelante.
No le creí.
Mejor me voy a la cama a soñar que soy Marty Mc Fly en Volver al Futuro.



domingo, febrero 22, 2015

Seguir una línea verde que está vieja y gastada. Es la última, la que te arrastra hasta el fondo del hospital. Que simbólico, al fondo, al final, ahí donde habitan la mayor cantidad virus, los más enfermos, por ende más enfermeros.

Gente vomitando en el pasillo, emanando odio/ porque /ese /hospital /está / hecho / de / odio / y la gente se enferma de eso cuando está más de un rato.

La linea verde llega hasta una puerta mitad vidrio, mitad madera que se fue llenando de carteles con cosas que NO hay que hacer que nadie lee. 

T R A U M A tología.

Gente accidentada en camillas, camillas apiladas, estructuras de hierro para colgar piernas de ellas al costado del pasillo, un carro con sábanas limpias. Paredes con manchas, tela mosquitera cansada en las ventanas, gente fumando fuera, un estacionamiento de autos es el horizonte de la habitación.

Aparece la sensación de estar durmiendo a la intemperie, azulejos de colores fríos, resolana, un viento que cruza el mismo pasillo en dirección contraria. Un enfermo haciendo pis con la puerta abierta. Kilómetros y kilómetros de gasa y cinta blanca. Litros y litros de ese líquido que cura pero que tiene color sangre.

Atravesar personas lastimadas y llegar a la persona que más lastimó. Desenojarme, esquivar la furia que sube como bloques de hormigón. Transformarme en amor, metamorfosis de una persona rancia, las caricias son filosas y con cierta distancia.

Impresión de caer en picada y ser absorbida por un agujero negro. Me arrastran las relaciones familiares y yo peleando con las uñas partidas para poder soltarme /o/soltarme/o/no/ser/nada/

Fin. Deshago la linea verde con ropa sucia en una bolsa de supermercado. Anacrónica, caminando en el cordón de la vereda para justificar la sensación de equilibrista frustrada. Caigo hacia un charco que salpica, el agua marrón entra y me moja la zapatilla. Cambiamos de sensación, al fin. Esto molesta o subsana. Sigo líneas mientras me trago las lágrimas y los mocos. El nuevo alimento de la mujer que abusa de la sensiblería.

sábado, febrero 21, 2015

Aunque ya no duerma en casa,
porque no es lo mismo.
No quita que todo siga intacto:
el poster de Moyano
sigue ahí colgado,
alentando a la morocha,
quedado en el tiempo
sabiéndose sorete y traidor.

Me pasa que:
encuentro en cada autopista,
calle,
semáforo en rojo,
o salida de la ciudad
esas ganas
significativas
de irme lejos.

Pero
estoy anclada,
y lo peor es que
se instala en mí
la
ne
ce
si
dad
i
nú
til
de sentir
una vez más,
como era
hacerme agua
con vos.

Si agua,
si,con vos
en mi cama,
en mi living,
sobre las sillas naranjas,
borracha,
sobria,
sucia,
limpia,
cansada,
resaqueada,
lúcida,
triste,
alegre,
angustiada.

Iría a tu casa
y usaría la pizzera
que me regalaste
para cacerolear
bajo tu ventana
y reclamarte
tantas estupideces
que considero 
mas importantes
que la canasta básica.

48 martes conté en el 2014
10 botellas de vino,
5 matambres,
10 días fríos,
5 días enferma,
5 lluviosos,
3 de viaje,
3 con un calor horrible,
6 en los que no te vi,
1 que no te quise ver.

La cama grande
la saliva espesa,
las canciones,
los versos,
las fotos,
los sobres hechos a mano


Moverme tranquila
debajo tuyo
y después,
vaciarme.

Vaciarme es lo que me falta.


domingo, febrero 15, 2015

Voy a dejar de escribir para siempre

martes, febrero 10, 2015

una se va quedando
floja de argumentos
hundiendo los pies
entre las sábanas


corta de versos,
húmeda
filosa
guarra
entregada


corta de tiempo
crucificada
condenada
por el constante
ir y venir
de palabras
que no le significan
a nadie

muda
ante las reacciones
esperando
y nada

una se va quedando
en orsai
repetitiva
semanas completas
de decir lo mismo

ya nadie resiste archivo


miércoles, febrero 04, 2015

-Tengo un mal presentimiento, como algo que me sale de acá - le dijo al de al lado mientras se mojaban el pelo y se acomodaban los trajes.

-No seá culiao, vas a salar la noche! - le respondió el amigo y le dio un trago largo al vaso de vino con fanta y hielo.

En las espaldas se podían ver un dragón dorado y un tigre de bengala, esos eran los trajes que usaban el Sanbomba y el Forfai todos los años para el corso. Las botas con cascabeles esperaban en el suelo como ansiosas por sembrar pánico en el corsódromo.

Esa noche ellos eran los guardianes del carnaval, una especie de caballeros del zodíaco del Valle de Lerma. Listos para tirar pasos majestuosos entre el rey momo, la tempera, las luces y los aplausos.  Bailar porque sí, porque es la sangre la que pide. Bailar como pelotudos para conocer a todas las mujeres que puedan y finalmente aflojarles el corsé, las simbas y embarrarles el alma sin darles nada a cambio.

-Dame un trago de eso, que ya se me mete el diablo - tiró Forfai. El amigo chistó y le pasó el vaso, Sanbomba tenía la cara larga y el pelo ondulado, caminaba encorvado todo el año, menos en carnaval.

Los parlantes sonaban con rabia apurando a la gente que llegaba. Largaban las comparsas y ellos comenzaban a calentar. Caporales, hombres valientes en fila, listos para salir. Robustos, obreros y borrachos devenidos en lentejuelas y brillos del tercer mundo.

Todo mentira, circo puro, el significado de la palabra caporal se empapa de resentimiento y baja para vestir al  bailarín en febrero. CAPO-RAL: Hombre semi-civilizado que encabeza un grupo de gente y lo manda. Con el correr de los años tiñeron de colores el dolor, le dieron forma a los hijos muertos, le pusieron caretones, y allí están brillando bajo las luces improvisadas de febrero.

Tocaba salir, Forfai tocó el pito y llamó a la agrupación, calientes, radiantes hediendo a sedal y a chivo. Entre carritos cargados de arsenales de chorizo y chimichurri salieron al ruedo, la luna salió solo para ellos esa noche.

En el medio de la presentación Sanbomba se perdió y la fila no supo llevarlo, comenzó a improvisar como para no empastar a la agrupación y le pisó el pié a un niño que comenzó a llorar y a señalarlo. El padre del niño se levantó a mirarlo y le gritó.

“Borracho i mierda, ni bailar podés negro culiao!!!!”

Mentira, Sanbomba era el más bailarín del mundo, pero estaba desorientado y le subía por la panza una cosa con sabor a Arizu que lo mareaba peor. Esa frase le hirió el ego, la vena que sentía era digna de boxear a cualquiera, le saltó a la cara y le tiró un cross derecho.

Todos frenaron, hasta los que carnavalean detrás de las tarimas quedaron helados, la música polifónica pasó a segundo plano, la yuta intervino y era un todos contra todos, pero todos contra Sanbomba. El Forfai saltó por su amigo, le metió un puntano en la gamba al que le tiró la bronca con tanta fuerza que le bajó dos cascabeles de la bota. Lo arrastró a Sanbomba con un odio y lo dejó tirado como dormido, inconsciente y vomitando.

Lo que quería en realidad era llevárselo a otro lado para ubicarlo en la palmera y sermonearlo porque por su culpa ese año tampoco iban a ganar, es más seguro los descalificaban, que gil.

Al final esa noche terminaron todos guardados, la yuta metió gases y palos. Es así, para un pueblo torpe, policía represora, bien focaultiano todo. El Sanbomba estaba perdido con el ojo reventado y el traje parecía el de un ceniciento empantanado. Se quería morir, su agrupación lo odiaba. Forfai lo miraba, chistaba y giraba la cabeza para todos lados. La ira, que cosa que nos hace más pelotudos de lo que somos, pensó.

Salieron al día siguiente con los dedos pintados, todos reventados por la paliza. El presentimiento era cierto, el diablo le metió la cola entre las patas a un bailarín estrella que obnubilado por la magia del carnaval se la dio de improvisado. Parecían soldaditos de juguete olvidados bajo el rayo del sol, blanditos y con la cabeza baja. Salía la comparsa en fila y cabizbaja, observada por el público equivocado.

Afuera de la comisaría estaba el colectivo que los llevó la noche anterior, el fercho tenía un acuso más grande que el volante. Los miró y les dijo que eran unos giles de mierda y los fue devolviendo de a uno a su casa.


Obvio que el jurado sentenció que esa comparsa no baile ese año, si, un año de laburo y un fangote de guita en glamour al pedo. Los trajes rotos todavía, esperan guardados para ver que depara el próximo febrero.

domingo, enero 25, 2015

Se me salían las palabras
empujadas por un montón
de caporales ruidosos, 
ordenados en fila, 
llenos de rabia,
majestuosos del baile. 
Le canté todo, 
le dije lo que quería.

En él habitó el ekeko egoísta
carente de abundancia y alegría.
Sin nada que decir, sostenía
que los carnavales de enero
siempre son suspendidos
por la lluvia típica del verano
que a todos nos arruina.

Los bailarines en los corsos
son como los príncipes
tercermundistas
cascabeleando las polleras
derrapando lentejuelas.

La lluvia les moja el alma
toda sucia de vino
que salen a buscar toldos
como guerreros embolados,
que esperan un año
para poder salir un rato.
¡Que lluvia chota!

El aliento a coca,
el carrito choripanero,
el ruidito del lanzanieve,
las botellas y los travas
calman un poco
tanta cosa adentro
y me invitan, todas juntas,
a salir de caravana.



sábado, enero 24, 2015

Volver gritando
a la nada,
¿A quién?
Soy una muerta
que vive su
segunda oportunidad.

Consumirte entero
hasta que no raspe más.
Saborear
toda
la
saliva.

Versión extendida
de algo que no podía ser.
Un señor
cansado,
vacío,
asustado.

Re-buscadas maneras
de pedir un poco más.
El hoy es una forma
que explica cuánto tiempo
se dilatan los oídos
para no escuchar excusas

(Victoria entre tanto m a l)




domingo, enero 18, 2015

Tengo la boca seca.
vales cien tipos
durmiendo sobre mí.

Desnudo, pesado
peso muerto,
abrazo dolido,
sueño ligero.

La respiración
se corta de a ratos,
y tengo la  boca seca
por tamizar las cosas.

Lo que siento es mío
no te lo doy,
solo lo comparto.
  
Boca seca
querer decir algo.
sentirme el descarte
la resaca 
de otras vidas.

Estamos unidos
por mentiras,
defectos,
diferencias
y fútbol.

Lo que te sobra 
a mi me falta.
Suelo sanar
lo inmediato.
Pan para hoy.

Sos cien tipos
hablando idiomas
que no entiendo,
tengo la boca seca
viejo, dame agua.

Me cansé
de probar 
con palabras.
Estoy acabada.

Sacame de acá
metete en la grieta
por ahí,
encontramos algo
que valga 
la(s) pena(s).



miércoles, diciembre 31, 2014

Días previos, me habló de compartir y viajar con alguien “de viejos”. Nos imaginé “de viejos” compartiendo y viajando. Sin tomar conciencia de la diferencia horrible de años vividos que nos llevamos. Nos imaginé por ahí cumpliendo con su deseo, dos viejos felices. Como si el abismo de edad fuese piadoso para que se quede en el tiempo y yo lo alcance.

Un par de semanas después nos fuimos, solos a un lugar lleno de gente, no llegamos a embarcar que entre los dos ya hacíamos desastres hormonales. Si fuese por él nos dábamos murra en el taxi que nos llevaba al aeropuerto revoleando el bolsón de humitas que llevábamos para regalar por la ventana. Da todo lo mismo, hay que justificar tanta milla aérea en algún momento.

Autopista, 2 am, recién llegados, medio borrachos con bolsos y mochilas. Dos salteños regalados, un festipunga vacante. Se paró en el medio del puente peatonal y sacó una foto mientras decía algo sobre un embotellamiento. No entendí nada, era perfecto.

Caminábamos en dirección contraria a donde en realidad teníamos que ir, todo por mi culpa. En el apuro por salir a tomar un avión -y rajarme de la oficina que  me  liquida diariamente- anoté mal la dirección. Me quería morir, que se descarrile un bondi y me lleve puesta por pajera. Lo seguí. No tenía ni idea de dónde estábamos y todo me resultaba más grande de lo que me acordaba. Estaba en otra, detrás suyo y con el corazón en la mano.

En la vereda del frente aparecía una barra de pibes que cruzaba hacia nosotros, directo a nosotros. Indicio de que cualquier cosa podía pasar, pero zafamos. Volvimos al punto donde nos dejó el taxi y se me ocurrió invertir el número de la dirección. Pendeja conchuda y desbolada, pero con suerte, hoyo, ojete, como sea, llegamos.

El resto del viaje fue para intentar entregar las putas humitas que pasaron a un segundo plano por mis ganas de hacer lo que se me dio la gana, pero con él. Compartir un poco, chivar juntos, caminar por plazas, tomarnos todos los taxis posibles, apretar tranquilos, bares, librerías, barrio chino, entrar a un recital y salir contentos. Quedar hasta el cuello de comida rápida y emociones.

Nunca lo voy a alcanzar, siempre voy a ser la que quiere más y se juega menos, la parásito, la que espera, la que cuenta  los días para verlo los pocos días y las pocas horas que lo veo. La juego de cero a la  izquierda que le camina por detrás, con ganas de algún día, alcanzarlo.
                   
Inevitable, si hasta en las películas pedorras se acaba la magia, con la diferencia de que en la vida real la caída es peor. La noche anterior a volver  el cuerpo se tomó revancha y me dio fiebre, chivé la vida. La integridad física siempre jugando en contra, autoboicot o muerte.

Duela o no tocaba volver a la chatura de saber que no nos merecemos. Aeroparque, muerta yo, por mí, por él (y por siempre tratar). Otra vez se paró, otra vez sacó una foto y yo saqué la misma para no tener que imaginármela después.






Antes de bajar del taxi le agradecí por el viaje, me ofreció quedarse un rato conmigo pero ante mi duda se fue. Subí y me dormí como para tomar un respiro, lo necesitaba más que al actrón con cafeína. Soñé que nos hacíamos viejos. Me despertó Juancito, preguntándome si ya había llegado. 




jueves, diciembre 25, 2014

Tiraba helado por la boca cuando hablaba a los gritos de sus épocas de oro y le pegaba a la mesa cuando quería reforzar una idea.
Lo llevé de vuelta a su casa a eso de la 1. En el camino criticó la comida, las personas que nos invitaron a pasar la  Navidad, criticó los regalos, mi ropa, mis formas de relacionarme y el hecho de que me acordé a las 10 de comprar el globo, las estrellas y algunas cosas para que los más chicos se diviertan. Dijo que eran unos malcriados.
Al girar unas tres cuadras antes de llegar a su casa elogió mi forma de manejar
"Sos digna hija de tu padre, la tenes clara al volante", en la radio sonaba una de mis canciones favoritas: Navidad de Reserva. Me pidió frenar para comprar un vino, cuando se bajó, aceleré y me fui. 
Lo volví a dejar, va a pasar un tiempo hasta que tenga ganas de verlo. Cuando se percató me llamó, subí el volumen, quería estar tranquila.

lunes, diciembre 22, 2014

Manuela daba vueltas
y gritaba como loca
al costado de un río.
Encontró una chapita
y gritó "máaa un tesoro, mirá!!!"

La chapita oxidada
la mamá sentada
al costado de una piedra
cebaba mates
"que lindo hija, guardalo bien"

El sol estaba fuerte,
y Manuela cantaba
"feliz navidad a todos,
y un año mejor"

Al fondo, los cerros
y unos veinte autos
estacionados en fila
cumbias y canciones.

Al rato aparecen unos changos
con unas botellas
llenas de renacuajos
embarrados y eufóricos.

Tomaban yogur del saché
y comían tortilla a la parrilla.

Los renacuajos estaban
bajo el sol, un rato,
otro rato, como tres horas.

"Che, se cagaron muriendo todos"

Manuela guardaba el mantel,
su mamá tiraba la yerba
al lado de un yuyo,
los pibes pateaban las botellas
con renacuajos muertos

El sol se estaba yendo,
soplaba viento,
hacía un calor de cagarse
las nubes se ponían grandotas.

-"Vamos que se hace tarde"
un ufa enorme, un auto menos.

Los renacuajos muertos,
en el tacho de basura verde.
Se encendían las luces,
del costado de la ruta.
Señal que hay que dejar
el río o te chorean hasta el hambre.
Chupaba el huesito del caracú
y se relamía,
pan, sal, restos de comida
en el plato.

Pan y queso
es una trampa,
una casa con dos ollas
y muchas botellas.

La sopa está fría
la panza está llena
y tengo un perejil
entre los dientes.

Así sonrío.

domingo, diciembre 21, 2014

setenta, siete, tres, doce, seis

Le tuve que explicar a Edu que no iba para sus setenta años. Obvio que por escrito, no me animaba a enfrentar su tono de voz, ni por teléfono. Iba a sonar muy fuerte su frustración por tener una hija de mierda como yo.

Le dije que no podía, llenándome de excusas. Excusas que, al conocerme interpretó como excusas de una perdida de la vida, desapegada, hippie roñosa que no va a llegar a ver a su viejo soplando una torta llena de velas. Setenta velas, una por año. Años de mierda, años felices, años de músico, compositor, contador, militante, muchos más años de los que a mi me gustaría vivir. Muchas cosas, mas de las que cualquier pelotudo pueda soportar.

Hace siete años me fui de ahí, y ahora lo extraño. Mi casa manejaba niveles altísimos de violencia simbólica que se repartía en cuotas iguales de lunes a domingo. Sarcasmos y desacreditaciones mutuas. El amor existía en la primera línea familiar, donde los hijos pasábamos a ser un estorbo. Eramos muchos, creo que extraño la multitud y la heladera siempre llena.

Nos habíamos criado sin suerte, la suerte estaba en todas las casas menos en la nuestra. Será que no creíamos en dios, dios nos había estafado. Nacimos feos, inteligentes y con miopía. Todos iguales mismos gestos de malparidos. Nos criamos en el desconsuelo absoluto.



Cuando cumplí un año de vida mi hermano Rafael me regaló un tajo en la frente, me bautizó de violencia. Me empujó en el andador y me estrolé contra una pared, pasé mi cumpleaños con hilos en la cabeza y y una venda, me hicieron tres puntos. En las fotos de ese cumpleaños nadie sonríe.

Todavía conservo mi cicatriz en la frente, en mi adolescencia la aborrecía y usaba flequillo para taparla. Tapaba todo lo que era, tenía el corazón congelado y estudiaba en una escuela plagada de marginados.

A los doce años, parecía de dieciocho y un chico dos años mayor que yo quiso acostarse conmigo. Lo sabía porque cada vez que me lo cruzaba me mostraba su pene. Nunca había tocado un pene, pero me imaginaba que podía oler muy mal.

A los doce años era una niña en un cuerpo enorme y caí en esas cosas estúpidas a las que estamos condenados los que vivimos en el mundo. Que estúpida es la belleza, no era linda, era amorfa (tenía do ce a ños!). Me eligieron candidata a reina de mi colegio.

No me dejaban participar del concurso de belleza. Con doce años, ya era material de exposición. Mis compañeros aparecieron esa noche por mi casa, (manejaba el chico del pene), traían ropa y un cuchillo, que se suponía, era para amenazarme de muerte. Mamá -se suponía también- estaba en Mendoza, me subieron al auto, me vistieron y peinaron camino al concurso. Todo perfecto.

Esa noche fui reina. Reina del neoliberalismo menemista que anunciaba una crisis, reina de una localidad que formaba parte de una provincia en un país del tercer mundo. Yo, la protagonista arriba de un escenario con un número en el pecho y pintada como puerta. No sabía que pasaba,  pero el hecho de tener algo de reconocimiento me alegró un poco.

Mientras me entregaban los premios (unas flores que al bajar tenía que devolver, un reloj de pared chino y un kit de maquillaje) apareció mi mamá. La vi venir entre la multitud, se la veía furiosa desde ahí arriba. Subió, me sacó la corona y la lanzó al público haciendo ruidos con la boca, mascullando ira entre la multitud, me sacó las cosas y con la otra mano me agarró de los pelos, me destronó.

Nos subimos a un auto, no decía nada. El odio la hacía pronunciar las palabras de tal modo que era imposible entenderla, ella no entendía lo que estaba pasando, las dos llorabamos juntas por motivos totalmente distintos, ella me odiaba y yo a ella. Nadie en este mundo entendía nada en ese momento. Llegamos a casa y me llevó al baño.

La escena era la de una cenicienta a la que no le daba la nafta ni para ser cenicienta, una preadolescente confundida, doce años.  Me arrancó el vestido, lo pisaba, mientras pisaba me insultaba, continuó con el reloj, me lo partió en la cabeza y un vidrio me lastimó la mano, había sangre, vidrios, un vestido roto, un reloj chino en el suelo y un kit de maquillaje que terminó en el tacho de basura. No nos hablamos por un mes.

Todos me reconocían por la calle, tenía la mano vendada y salí en el diario del día siguiente. Un festín prensero. Estaba muerta por dentro. Mis compañeros no me hablaban, el chico del pene, si, seguía mostrándome el pene.

Algún día, supongo que tendré mayor suerte, y si mi viejo sigue vivo, lo veré soplando un montón de velas, que simbolizan años vividos Nadie pensó en distinguir los años vividos por color. No quiero vivir setenta años llena de odio, creo que me gustaría enamorarme, como solución a todo.

Mi hija de seis años tiene cuerpo y tamaño de seis años. Me trajo un boletín hermoso y experimenté algo de alegría, festejé ese logro, bailé con ella y fuimos a comer a su lugar favorito. Mientras ella saltaba en el pelotero la miraba y le decía que era hermosa. No tiene cicatrices en ninguna parte de la cara.

Esa noche me preguntó por qué no había ido su papá con nosotras y se respondió sola, le iba a pedir a él que la vuelva a llevar a festejar a ese restaurante. Noté que tiene tendencia a ver el lado positivo de las cosas y me dio una cuota de tranquilidad.

Tampoco sabe que su abuelo cumple setenta años y no vamos a festejarlos con él. A ella ahora le sobran motivos para celebrar. Setenta años, son muchos mas años de los que yo, su madre, quiere vivir. Ella no sabe contar hasta setenta.

domingo, diciembre 14, 2014


Pensaba en mis últimas noches, todas distintas. Termino metida en cada brete, hace unos días me encontré bajo un nogal con un grupo de pseudo intelectuales que importan culturas anglo y las apunan. Me sentí de más, una gorda boluda rodeada de tipos que la tienen clara sin saber por qué. Me fui lo suficientemente en pedo como para poder superar ese momento. Más que el momento, superar el desvarío y el histeriqueo de no reconocerme como parte.

Posterior a eso, celebramos mi cumpleaños con uno de mis grupos de amigos. Todos distintos, todavía no entiendo como carajo logramos querernos. Supongo que somos personas sueltas y yo soy una adicta a las historias tiradas de los pelos. Me esperaban todos tan hermosos con unos bocaditos de jamón crudo -que tienen un nombre muy gourmet que ni en pedo me acuerdo-, vermuces y fernet con coca.

Paréntesis descriptivo: Los amigos:

 Julio Gashegos, histerico, gritón, fanático del pasado y del fútbol, kirchnerista y disconforme crónico. Amigo demandante, el día que explote incendia todo. 

Julio Merlo, el chabón más simple, gamba y bueno que conocí en mi vida, le podés patear la cara que no va a reaccionar mal. 

Con Ana estoy imantada, identificada de punta a punta, Lanita Alzamendi es una flaca hermosa, sensible, tiene unos gustos para la música y la literatura que te hacen descubrirla día a día, la loca se sube a cualquier bondi que la saque de la aldea un rato. No se que mierda hace acá, pero el día que se vaya, tiro todo por la borda y me voy persiguiéndola.

Marti: simplemente la amo, me hace bien, es tan cálida que dos días sin saber de ella me hacen sentir una huérfana de la vida. Con ella como, duermo, hablo, lloro, paso días metida en su casa sintiéndola mía. Criamos a nuestros hijos juntas, yo la parasito y ella no tiene drama. La jodo, le digo que nos falta garchar y somos la pareja del siglo. No pienso descartar esa posibilidad.

Tupac es el mismísimo satanás, cuando te habla te engualicha, te engancha en sus curdas y no podes salir, es un viaje de ida. Puedo pasar días enteros con él que no me cansa, cocina todo el día, es una gorda tana metida en un flaco hermoso. Lo conocí haciéndole una nota para un pasquín de mierda y no lo solté mas.

Sigo con la historia:

Gashegos es calentón, no podes hacerle una joda porque no se la olvida más. Debe pesar 50 kilos con toda la furia y se quiere boxear con todo el mundo. La noche de mi cumpleaños le hicimos una joda y se pudrió todo, el clima se cortaba con el zumbido de un mosquito.

No aguanté, en el primer amague de retirada le pedí al viejo que escucha panró que me busque. De vuelta a casa me acordaba por qué mierda nunca festejo los cumpleaños. Siempre la cago. El pobre viejo siempre termina pagando mis platos rotos.
--
El viernes salimos con mi equipo de laburo. Habíamos trabajado todo el día. Acarreábamos una semana tremenda, llena de problemas. A esta altura, fin de año, las cuestiones más pelotudas tienden a cagarte la vida hasta quitarte el sueño.

De repente éramos 5 personas sentadas en el patio de un restaurante con celulares en mano recibiendo y dando directivas. Eran como a las 11 de la noche, y todos teníamos ya varios litros de birra encima, nada puede salir bien, -o nada puede ponerse peor-, es difícil explicar que no hay remedio en ese contexto.

No puedo decir si disfrutaba o no del momento, pero si se que el simple hecho de sentirme útil en un lugar lleno de imbéciles, me dio más placer que odio.

Finalmente terminé en un bar recontra careta hablando de militancia, de política, de como continuar el proyecto nacional y popular con el mismísimo Marcelo Duhalde y una pendeja de la UNSa que parecía una muñeca pero si cerrabas los ojos cuando ella hablaba, la confundías con el Bafle Montaldi de tránsito. Estuvimos horas charlando de mi viejo, del futuro, extrañamos a Néstor juntos. Me contó historias maravillosas. Me las acuerdo y me pone la piel de chancho, antes de irnos lo abracé y nos dijo "les voy a contar a la presi que salta tiene mujeres como ustedes, que con un poco de garra se cargan el país al hombro".

Esa noche el viejo ni apareció, se pasó de pillo contestó tarde mis mensajes de borracha buscando mugre, me había dormido. Lo re entiendo, mi vida es una lotería y el sabe que no se tropieza dos veces con la misma piedra. El sábado la alarma casi me mata, sono mil veces, me levanté con la cabeza y el hígado a la miseria, me tomé un feca, un alical y un litro de agua de la canilla para ir a laburar con las pelotas por el suelo.




domingo, diciembre 07, 2014

"Boluda con esto tenés como para tres uploads al blog" Me decía Anita el viernes a las 3 AM.

Mi gato llenó de mierda
mi ropa,
corpiños,
almohadas,
toallas,
sábanas


TODO


La remera favorita de Lola
y
el vestido de mierda 
que me regaló mi ex suegra.



Frida Kahlo
tenía una mancha
de caca en la frente.
Antes de dormirnos, Anita me preguntó "Cómo haces para no llorar con todo esto?"

OLVIDATE


A las 11 me despertó el ruidito de la campana de un heladero
y pensaba
que lenta es la borrachera
para irse
como las palabras,
los sonidos
piernas entumecidas


y yo,
remojando todo cagado
 en agua enjabonada
mientras escucho al gato
hijo de puta
chillando para que le abra la puerta.



domingo, noviembre 30, 2014

Mambo



¿Vamos  a hablar de la luna?
se ve bien bonita desde la terraza.
Abajo el cheboli ruge.
Que embole esto,
“mejor vamos a casa
y comamos, de puros borrachos,
la sandía que te olvidaste”.



Seguro la compraste
al costado de una ruta,
para comerla en el río.
Y yo me la adueñé,
hoy quiero dormir
con la boca roja.

Despertarme con el sol
Pegándome directo,
a la cara y el gato forro
arañándome la espalda.

Olor a comida, fritanga.
que hambre,
solo pan viejo y naranjas.

Justo cuando salgo 
a buscar un paty
me llaman para reclamarme:
“acá hay fernet y faltas vos”.
No se diga más
a salir como un tractor,
manija mal.

Si las noches son para eso,
asados en patota,
salidas, juntadas, 
campamentos y porro.
Todos loosers y hermosos,
sintiéndonos los mejores.

¿Que mambo hay?
en perder un poco
el tiempo, sólo para sacar
tantos padeceres viejos.

lunes, noviembre 24, 2014

Un amigo me pidió que escriba la historia sobre su trago. Me contextualizó y me disparó cualquier cosa.
Pronto la publicación completa con dibujos y fotos, por ahora solo un fragmento:


Un hombre pagano y preguntón
llorando, con un niño entre los brazos.
Imagínese mi amigo, que otro fin no había.
La recordaba tal cual era,
su Tanita, tejiendo en los telares
caminando ofendida,
con la cintura marcando la distancia.
Y tal cuál como la pensaba
aparecía a la mañana

pintada en todas las paredes de Cafayate.

sábado, noviembre 15, 2014