martes, marzo 17, 2009

La culeada...



Usted ve todo mal porque tiene la vista así. Dice que las mujeres se hacen a golpes y deja que Francisco me pegue. Ve cómo rompo las tazas cuando estoy enrabiada y me mira mal, que por qué hice eso, me pregunta, que eso no se hace, me dice.

Por eso creo que el problema está en sus ojos; en el adentro de sus ojos. Allí, por esas viboritas que le hacen de venas o músculos, por esos cables que atan sus ojos a su cerebro y le hacen trastabillar las ideas.

Mira cuando subo a bajar las bolsas de afrecho y dice: la mujer se hace a golpes, mientras ve cómo me caigo. Por las noches, cuando pega su oído a la puerta, escucha mi grito apagado en la almohada y los gritos de chancho lleno de Francisco y se siente contenta. Se siente así porque no es la que está allí. Cuando por las mañanas tengo mis ojos con sombra, dice que me maquillo y no que son moretones de sopapos.

Yo creo que tiene los ojos dados vuelta, hacia atrás, y se mira y se retuerce viéndose toda negro adentro, como víspera de tormenta, como en esos sueños desbarrancados que uno cae en el pozo y amanece bajo el catre.

Pero cuando ve al Pancho saliendo de mi atrás, abrochándose el pantalón y secándose el sudor con olor a cochinada, usted se relame esa su boca sin dientes y se le encienden los ojos enrevesados.

Por eso pienso, cuando él me abre de atrás, como destajando sandía, cuando me hace mojar la sábana con mi sangre y mi saliva, que usted también pasó por esto. Pienso que extraña a papá haciéndole así o que le da pena que él ya no esté, desde que murió atragantado con locro, mientras hacían eso, y no tiene a quien latarle toda la rabia que le entró.

Pienso que extraña no el gusto sino la costumbre del dolor que le solía arrancar tajos de su grito en esas siestas en las que me mandaban a lo de Erótida.

No pudo vengarse de él por sus desgarraduras y se venga de mí. Quiere partir su dolor de antes y tirar sobre mi dolor de ahora, de pura egoísta que es nomás.

Eso pienso porque no me hace caso cuando le grito, sin palabras, con mis ojos, para que me ayude, que me socorra y sólo encuentro sus ojos que se escapan y entonces, mejor, quedo callada, mirando el piso, que aunque sucio, me escucha no diciéndome nada, no mostrándome de vuelta mi cara como usted lo hace.

Yo veo en su cara mi cara y me asusto, tengo vergüenza de mí. Después veo esa misma vergüenza en la cara de los vecinos, cuando me ando por la calle y me miran fiero.


Fragmento de "La Culeada" Obra de Teatro que ví el fin de semana en el Aristene Papi, interpretada por Grisel Nicolau... Me mantuvo la piel de gallina durante los 35 minutos que dura la obra... Después de eso, el sabor amargo, y las ganas de abrazar a Grisel, por maravillosa. Y un vacío general, tendrían que verla, rompiendome la cabeza con un collar de perlas, un par de zapatos, una peluca y una muñeca... Tendrían que verla...

5 comentarios:

Natalia Alabel dijo...

A mí también se me puso la piel de gallina. Impresionante.

distraida* dijo...

Pfff... se podés leerla completa, te morís...
Besos

Rocko Onno dijo...

Por ahi creo que por algo no la vi...quizas no era el dia...no?
ya tendre la dicha, espero!
te quiero amiga,beso

cossete dijo...

mmm... pues parece interesante la obra.. hay que leerla definitivamente; sabes, me pareció como con la narrativa de "martin fierro"

Un saludo Distraida del Dr. Cossete.(que estaba medio perdido pero ya regresó)

Amarilla* dijo...

De acuerdo. Se me puso la piel de gallina. De acuerdo se me pareció en algo a martín fierro.
De acuerdo, el piso te escucha sin decir nada, no te quita la mirada, no te juzga, siempre es tu fiel aliado, te protege de miradas feas, miradas prejuiciosas...y perjuiciosas.
Besos Flor.
PS: no te he contao! me quiero tatuar una flor. :)