jueves, agosto 17, 2017

edificios

Vas a morirte intentando encajar
en la puerta de un colegio
con el tráfico céntrico de hora pico,
en la rutina de los talleres
de arte y circo;
tarjeteando en las jugueterías
y supermercados
con familia de la mano
llena de bolsas de colores.

Parir / criar / alimentar
en este mundo
es un acto de justicia.

Cigarrillos no, eso mata,
fútbol los miércoles, si
el buen pasar de ir a Brasil
solo porque clase media
y foto de portada para un año.

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Te estas muriendo
en Plan Z.
¿No ves?
Suicidarse es subirse
en una calesita
de precariedad laboral
que gira a todo lo que da
y fingir no querer gritar.

La soledad es como el helado
de maquinita yankie,
una película sobre una monja judía
y que el personaje secundario
sea Charles Manson.

Cuando uno carece del otro
en equilibrio, es falopa.
Da pánico, no?
los muertos estamos solos,
no te necesitamos.
Solo queremos tus zapatos
de marca inglesa.

Igual sumate cuando quieras
podés probar algo sencillo,
caerte de mi balcón
o algo más border
como tomar aspirinetas
con gintonic

/es lo menos
 que pretendemos
de vos/.

domingo, agosto 13, 2017

¿En qué momento
 archivamos las bicis?
Es que si, fiaca wins
somos tan cómodos.

Viajar sin que nadie se entere
por una ciclovía rumbo al parque
bordeando los vacíos
de las personas de los colectivos.

Que será de las hormigas, 
ellas resisten entre nosotros
acarreando tristezas livianas.

De haber niebla, ruidos y olores
parar a dormir
a un costado de la avenida
hasta que una zanella
nos haga saltar del susto.

Es domingo y un silencio 
expone a las plantas 
a la intemperie del balcón.

Las bicis y los edificios
no se entienden. 
¿Ves? somos cómodos
las archivamos ahí,
en algún costado donde visualmente
su óxido no nos invada.

Los objetos quedan,
apilados en desuso 
sin importar la amplitud térmica,
o la circunstancia.

Adentro los filamentos
del cuarzo generan
esa combustión de moral alta
perfecta para las personas 
nacidas en la comodidad
de incendiar todo lo que duele.




martes, agosto 08, 2017

Usaba unos zapatos de charol negro con los costados superiores perforados de tan viejos. Atados a sus talones / los hermanos del superyo hecho percha/ a la derecha de un padre. Las buenas personas viajan levitando en una calle larga salida de la nuca de una madre que trabaja y nunca es suficiente, por eso la carencia y la ropa sucia escondida en el lavadero. El horizonte es vicioso: los cerros son el sinsentido encallado conteniendo las penas emanadas por las cúpulas de todas las catedrales, la ciudad está al fondo y entre puentes se construye una imagen
Dios es droga
y en su consumo no vemos la falla estructural / por eso la culpa / y esa lluvia que nunca enchastra a los santos. Los pelos de mamá son un tejido que no soporta a nadie más, el techo es tan pesado que raja los cordones que conectan al olvido o a un sueño delicado y apolítico de entender que hay tanto por delante y no resta nada más que seguir en la incoherencia del cuerpo a la mañana. Lavar los platos, sacudir las sábanas y cuidar que el entorno no desate la tormenta encapsulada en el mantel lleno de migas de pan.